PLEGARIAS ATENDIDAS. Truman Capote.

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El llanto de las plegarias no atendidas. 

Plegarias


 

Era Truman Capote y guardo de sus lecturas el mayor cariño, el más grande divertimento. Además la portada del libro se mostraba tan llamativa: el mismo Capote bailando con la siempre simpática y eterna Marilyn Monroe.

No había duda, no podía ser malo.

 

Según el prólogo al libro, escrito por su editor Joseph M Fox, advertimos que lo que buscaba inicialmente el autor era una obra de dimensiones descomunales, al mejor estilo proustiano; retratar la sociedad norteamericana de su tiempo, mostrando y señalando las prácticas sociales, culturales y morales.

El resultado, un retrato pálido, sin forma y esnob. Intento fallido.

 

Tres capítulos conforman las plegarias atendidas de P.B. Jones, el protagonista de estas historias, que en muchos aspectos debe ser el mismo Truman Capote. Monstruos perfectos; aristócratas, artistas, actores de Hollywood, esposas desdichadas e infelizmente ricas, pseudo intelectuales y arribistas, todos entregados a sus fiestas y orgías de glamour, en hoteles de lujo o en casas de recreo bebiendo, sentenciando y etiquetándolo todo, creyéndose por fuera de la vida misma.

Con ansías comencé su lectura y en el transcurrir de la misma, mientras avanzaba entre sus páginas, notaba como mi atención e interés decaía, desaparecía. “Pero si es Truman Capote” me decía angustiado, me recriminaba, mientras me negaba a abandonar su lectura.

Confundido, seguía sosamente una lectura que mostraba pequeños destellos de brillantez y muchos datos que se me asemejaban a extractos de prensa rosa, esa que llaman eufemísticamente “periodismo del espectáculo”.

 Truman

Seguían pues desplegándose hoja tras hoja todos estos monstruos variopintos, monstruos imperfectos carentes de personalidad, de fuerza y vigor. Pasan las hojas unas tras otras y la historia parece gravitar sobre una densa niebla que no permite que la narración llegue a algún lado, que pase de ser sólo habladurías y comentarios vacuos.

Quizá estos breves relatos no son más que una discreta ventana hacia los últimos años de decadencia de Capote.

Aún así P.B Jones, (ese hijo de puta nato, como se describe así mismo) logra cautivar en ciertos episodios con un humor ácido y cínico.

 

 

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