Edward Gorey. La fábrica de vinagre

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“Creo que el estilo es todo”

Edward Gorey.

Espere a que sea de noche (bien de noche) y si en esa noche que usted eligió para leer y ver estas ilustraciones además llueve, su noche será perfecta, perfectamente aterradora. ¡Bujajaja…!

La fabrica de vinagre, tres tomos de enseñanza moral, es una pequeña caja (sólo en su apariencia), compuesta de tres historias: –LOS PEQUEÑOS MACABROS, EL DIOS DE LOS INSECTOS Y EL ALA OESTE-, y una cartilla con la biografía, anotaciones y algunos aforismo de Edward Gorey.

Éste es un trabajo finamente planeado y ejecutado, donde uno debe permitirse quedarse embelesado y extasiado con cada uno de los detalles de los dibujos. Regálese el tiempo para contemplar cada línea y cada trama y entenderá que está frente a uno de los ilustradores y hacedores de historias más grande.

En los libros todo está destinado a ser macabro, todo está perfectamente planeado y trazado hacia desenlaces trágicos. La mano del ilustrador sabe muy bien qué pasó antes que la muerte acudiera y sabe mejor que nadie qué pasará después, cuando llegue la fatalidad. ¡Afortunado el lector porque sólo es un curioso de la escena y no comparte tan horripilantes designios y destinos con estos pobres niños!

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Los pequeños macabros: La pelona, la parca o simplemente la muerte, acompaña de la mano a cada uno de los veintidós niños sin que ellos lo sepan, ignorando que el destino y una letra del alfabeto llevan la última palabra: su fin.

¿Acaso Amy rodó accidentalmente por las escaleras, o por el contrario, fue arrojada por alguien más? ¡Que gran misterio!

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¿Kate traspasó las fronteras y llegó a otra historia para encontrar a un leñador que debía matar a un lobo feroz y, que en vez de matar al lobo, cambió de opinión y decidió matar a la intrusa Kate?

¿Ernest (tan bien vestido y pulcro, tan refinado a la mesa), era digno de morir atragantado con un aterciopelado melocotón o, quizás, fue envenenando de la mejor manera posible, con tanto sigilo para que la fruta fuera la única culpable?

¡Cuanto misterio hay en éstas páginas!

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El Dios de los insectos: Nadie lo vio, sólo una niña llamada Millicent Frastley y al parecer su niñera. Ahora la niña está desaparecida y su niñera perdió la cabeza.

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Dicen que el Dios de los insectos se transporta en un carro de apariencia de carroza fúnebre. Todo son especulaciones y tan sólo especulaciones.

Cuando el Dios de los insectos despliega sus alas despliega la muerte y todo es negro.

¡Que alguien nos salve!

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El ala Oeste: ¿Qué pasa con el lado occidental de este edificio de estilo victoriano? ¿Se habrá cometido algún crimen? Todo es raro, sospechoso; lo envuelve una atmosfera pesada de misterio y enigma.

Un frío fantasmagórico recorre sus pasillos. Una presencia te mira detrás de una ventana, a la vuelta de la página cualquier cosa puede pasar.

En el ala Oeste todo son preguntas sin respuestas. ¡Es desesperante y asfixiante seguir entre estos muros que gritan misterio!

Bien pueda, pase y dese el mejor banquete de horror que pueda darse. Es usted el único responsable de entrar al universo de Edward Gorey, después de abrir el libro no hay retorno y mucho menos arrepentimientos.

¡Adelante!